Lo que se presentaba como un día de playa normal, se truncó por una experiencia que me persigue incluso doce años después. Tenía trece años y mi padre me propuso ir a una de nuestras playas favoritas: Taganana. Durante el trayecto, me dijo que antes pararíamos en un pequeño bar a la entrada del pueblo para tomar café. Pero no era un bar normal. En ese bar estaba Cathaysa, una chica de más o menos mi edad. Y en la media hora que pudo durar aquel trayecto plagado de infinitas curvas, ella y su historia fueron las protagonistas.
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| Taganana, donde termina la carretera termina y empieza el mundo (@FranCoescribe) |
Mi padre no paraba de repetirme lo afortunada que era yo al poder ir al colegio, tener amigos, mi tiempo... tener una infancia feliz. ¡Ella no tenía nada de eso!. En su casa no habían muchos ingresos, por lo que tenía que trabajar duramente en el bar durante todo el día. Desde los primeros cafés de la mañana, hasta los postres y vinos de las últimas cenas.
Recuerdo que



