Necesitaba
desconectar. No sé muy bien cuál fue el detonante de mi decisión. Si llegué a
ser consciente del estrés que me estaba suponiendo que mi Smartphone fuera una
extensión de mi brazo, o si había hecho mella en mí el mensaje de Black Mirror,
la serie que me tiene en vilo desde su primer minuto. La cuestión es
que el día 1 de Diciembre, a las 00.00 horas, apagué mi móvil.
Me propuse estar
cinco días con el terminal apagado. El miércoles 30 por la mañana me pareció
una idea fantástica. Estaba muy animada con el reto, así que avisé en el
trabajo, a mi familia y amigos que estaría solo localizable en el teléfono fijo, y
que revisaría el email de vez en cuando. Pero a medida que iban pasando las
horas, ya empezaba a arrepentirme… ¡Sin ni siquiera haber empezado! Definitivamente
lo necesitaba. Era una señal inequívoca de que estaba enganchada.
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| Un mundo de zombies. |
Llegué a casa poco antes de la media noche. Me dio tiempo a revisar lo último que tenía pendiente, y despedirme entre bromas del “mundo Whatsapp”. Cerré la aplicación y deslicé el dedo índice sobre la palabra “apagar”.
Lo primero que
eché de menos fue

